Acercándonos a la Historia de la Ciencia

    La sección dedicada a artículos de historia de la ciencia de la Cátedra de Cultura Científica cuenta con numerosas entradas que nos ofrecen una visión divulgativa de la ciencia. Podemos encontrarnos con artículos que relacionan hechos historícos concretos con problemas ciéntificos, pasajes reinterpretados desde un punto de vista científico o avances de la ciencia explicados en su contexto histórico y social. Dicho de otro modo, me atrevería a decir que cada artículo es una forma de conocer tanto la historia de la ciencia como la ciencia de la historia.


    Una de las entradas que sirve de ejemplo es la que nos explica el papel que ha tenido la malaria en diversas guerras (Angulo, 2020). El artículo comienza con varias citas históricas, rompiendo de entrada con los esquemas clásicos de los artículos científicos y nos ofrece una narrativa más que interesante sobre el papel que han jugado los mosquitos o las párasitos en los acontencimientos bélicos que han marcado la historia humana. Esta forma de contar la ciencia (o la histora, depende del punto de vista) abre un abánico de posibilidades para comprender que ni la ciencia es algo estático y ajeno al contexto social, ni parte de la historia es algo que se pueda comprender sin unos mínimos conocimientos cientifícos. El autor, además, consigue que lo contado sea divertido a la vez que riguroso y útil para comprender tanto la enfermedad como los conflictos humanos.


    Esto último es un rasgo que comparten casi todos los reportajes que se recogen en la sección que estamos analizando. Es decir, parece que el objetivo de cada artículo es divulgar la historia de la ciencia pero, más allá de ello, la forma en la que trata la divulgación ofrece una connotación especial al propio concepto de la ciencia: la contextualización histórica, presentar a los científicos como personas en dicho contexto, relacionar los hallazgos a cambios culturales y sociales de la época... todos ellos muestran que la ciencia es una actividad humana y social, adaptada al lugar espaciotemporal en la que sucede. Gracias a ese modo de tratarla, se entiende mejor por qué no se debe acotar la ciencia a un descubrimiento concreto y ahistórico. Y es más, resulta sorprendente la cantidad de ámbitos con los que se hilvanan los conocimientos ciéntificos, llegando a disciplinas artísticas como la música o la pintura.


    Por lo tanto, la introducción a la historia de la ciencia no podía ser más práctica que ésta: ver cómo se unen las ciencias a los acontecimientos históricos y, a su vez, comprobar cúan importante ha sido (y es) la ciencia para el curso de la historia, cualquiera que haya sido el hecho narrado. Además, éste modo de análisis hace que la ciencia salga de los esquemas clásicos y se presente ante el público general como una disciplina dinámica, criticable, contextualizada e interesante, sin perder la rigurosidad y la solidez que la mayoría de la gente le otorga.


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