La historia de la ciencia frente a la historia de las ciencias
Utilizar el singular o el plural para expresar las ideas y los conceptos es más que una forma de expresión: muchas veces muestra cuál es el fin del que utiliza esas palabras o, dicho de otro modo, puede mostrar cúal es el modo por el que se entienden esas mismas ideas o conceptos. Algo parecido ocurre, diría yo, al hablar sobre la diferencia entre la historia de la ciencia y de las ciencias. Aunque en un principio parezca una simple distinción semántica a gusto del escritor u orador en cuestión, las matizaciones que es esconden entre el espacio de esas 5 palabras son infinitas.
A esa conclusión podemos llegar después de leer el artículo de Jose Luis Pesset, “Casi cien años de la historia de la ciencia (o de las ciencias)”, Asclepio LXI (2):249-260 (2009). Aunque no se debata esa cuestión en concreto, el autor repasa la historia de la revista Isis, explicando tanto la evolución de su línea editorial como las diferentes visiones que ha mostrado durante sus 100 años. En ese recorrido, subraya cuáles han sido las tesis que mayor fuerza han cobrado en relación a la historia de la ciencia y qué postura han tomado diferentes referentes de la disciplina al exponer sus ideas sobre el análisis histórico de la cultura científica. En el viaje se nos presenta la historia de la ciencia como instrumento para fomentar la cultura científica y construir una forma de hacer la ciencia crítica, evolutiva, contextualizada y global; a la vez que rigurosa, heterogénea, especializada y local.
De todas formas, más allá de las preguntas y dilemas que se plantean, resulta interesante comprobar que la visión de la ciencia puede ser un tema de discusión muy actual, cualesquiera que sean los partícipes en ella (científicos, historiadores o, por qué no, divulgadores). Al fin y al cabo, en una época en la que la especialización científica tiene tanta importancia, puede resultar contradictorio referirnos a la ciencia en singular, más aún cuando analizamos su evolución histórica. Incluso parece útil separar las disciplinas y analizar la historia de cada una de ellas, presentando a los científicos y científicas de cada una de las ramas como expertos en su ámbito científico. Así, se podría pensar que no convendría mezclar la Física con la Medicina, la Biología con la Astronomía o la Química con la Antropología, por nombrar unos ejemplos: cada una de los ámbitos requiere unos conocimientos propios (muestra de ello serían las carreras universitarias separadas, los lugares de trabajo de cana uno de ellos, el recorrido diferencial de cada experto en su materia, etcétera) y, por la tanto, deberíamos hablar en plural y hacer un recorrido histórico diferencial de cada disciplina, para así tener una visión menos parcial y más exhaustiva.
Precisamente por esa tendencia que se puede apreciar hoy en día (me refiero a entender la especialización casi como sinónimo de separación), me parece interesantísimo hablar sobre el sentido que tiene utilizar el término singular de la ciencia como la forma más plural de hacer entender la misma. Sin intención alguna de simplicar u homogeneizar las distintas áreas cientícas existentes (y las nuevas que seguramente existirán en un futuro), creo que hablar de la historia de la ciencia nos permite ofrecer una visión más real, sincera y útil del conocimiento científico, ya que hace enfásis en el método científico propiamente dicho y pone el foco en el cómo, cuándo y por y para qué. Las crisis actuales necesitan de una visión así de la ciencia para responder a las preguntas de una manera científica y plantear las preguntas adecuadas para que podamos mejorar tanto la vida del planeta como las vidas de los que lo habitamos. Defender la ciencia como herramienta es aceptar que nadie es capaz de saber la verdad absoluta; comprender que cada disciplina requiere de una especialización pero que comparten métodos, objetivos, normas y valores. Así, la historia de la ciencia puede ser el punto de vista por el que se hace valer la esencia de la ciencia: rigurosa pero humilde, resolutiva a la vez que problématica, pero siempre basada en un método de trabajo conjunto y consensuado, adaptado a su contexto y comprensible para la gente.
Así pues, hablar de la historia de la ciencia no busca de facto generalizar y unificar todo, como si se tratase de una creencia o un dogma (lamentablemente, está forma de entender la ciencia tiene cada vez más adeptos, pero esto sería otro tema de discusión). La historia del conocimiento científico es una historia diversa y cambiante, donde el método científico es el hilo conductor de cada una de las historias internas, que dependen del narrador de las mismas. Sin embargo, la ciencia, en general, tiene su mayor valor en la forma en la que se deben plantear los problemas e intentar resolverlos; sin menospreciar, por ello, la importancia que tiene cada una de sus disciplinas, cada vez más complejas y diversas. Hablemos, por tanto, en plural para centrarnos en la singularidad que tiene ese apasionante mundo al que llamamos ciencia.
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