Verdad científica y progreso lineal en las ciencias

A partir del último capítulo de La Estructura de las Revoluciones Científicas, titulado “Progreso a través de las Revoluciones”, discute cómo es posible (o si es posible), para Kuhn, hablar de verdad científica o de progreso lineal en las ciencias.


En el último capítulo del ensayo La Estructura de las Revoluciones Cientificas, Kuhn plantea varias interrogantes a cerca de la concepción de la ciencia y su relación con el progreso y la búsqueda de la verdad. En particular, se pregunta por qué la ciencia debe progresar contínuamente y por qué es el progreso una condición indispensable para definir la actividad científica. Como punto de partida, recuerda que durante el Renacimiento, cuando no había tanta necesidad de separar las artes y las ciencias, ambas tenían en común que buscaban una mejoría progresiva de la representación. Es cuando las artes abandonan esa finalidad cuando la ciencia ve su existencia unida a la del progreso.


El autor sitúa como clave de la respuestas a una característica científica que, en un principio, podríamos obviar en el debate: la existencia propia de la comunidad científica, no como resultado del progreso, sino casi como causa de la misma. Y es que Kuhn explica que cuando existe un paradigma, la comunidad científica resuelve los problemas en detalle dentro de la misma, siendo el progreso el único resultado posible de ello. Esto se contrapone a lo que ocurre cuando hay competencia entre diferentes escuelas, ya que cada una de ellas busca imponerse a las otras y es más díficil unir los dos conceptos que se cuestionan. Además, el aislamiento de la comunidad de la sociedad hace que los científicos focalizen su trabajo en resolver aquellos problemas que más probabilidad tienen de ser resueltas. El resultado, una vez más, no puede ser otro que dicha resolución, lo cual alimenta el éxito y la unión de toda la comunidad. Otro de los distintivos que hace que esas comunidades sean tan eficazes sería, según el ensayista, la naturaleza de la misma educación científica: en lugar de estudiar y comparar el conocimiento del pasado, con numerosas y contrapuestas soluciones a problemas planteados, el científico debe su proceso a la investigación propia y a los libros de texto que acumulan el conocimiento previo.


Pero, ¿qué ocurre cuando hay un cambio de paradigma que revoluciona toda una comunidad de expertos? Es precisamente en la respuesta a esta pregunta donde Kuhn hace el mayor enfásis para centrar el debate que plantea. De nuevo, las características de la comunidad científica hacen que el resultado de las revoluciones no pueda ser otra que el progreso. Debemos tener en cuenta que la comunidad es partícipe y arbitro de las revoluciones en cuestión, y que para asegurar su existencia, digamos, se sustenta en varios requisitos: el interés en resolver problemas de la naturaleza, la concreción de esos problemas, la necesidad de que la resolución sea aceptada por el resto de los miembros del grupo y el reconocimiento de ese grupo como garante del éxito obtenido. En consecuencia, todo ello conlleva a la unidad de la comunidad y a que los posibles cambios de paradigma tengan que, por un lado, ser capaces de resolver un problema consensuado y, por otro, mantener parte de las soluciones adquiridos por anteriores paradigmas. Una vez más, este razonamiento en espiral - tan característico de Kuhn - nos lleva a pensar que la idea del progreso líneal no tiene sentido en sí mismo. Resulta interesante, a su vez, advertir de las pérdidas que estos procesos suponen para la ciencia, en tanto en cuanto la ciencia no puede aumentar en anchura lo que aumenta en profundidad, citando las palabaras textuales.


En última instancia, todo lo anterior indica que, probablemente, el progreso científico no es lo que en un principio podríamos haber creído. Es más, aunque el progreso sea el resultado y la causa del conocimiento científico, tampoco es cierto que el proceso nos acerque a la verdad: en realidad, no nos acerca a ningún otro lugar ni a algo. Es por ello que debamos aprender a sustituir la evolución hacia el conocimiento por la evolución a partir del conocimiento. Como muestra de ello, el autor compara (de forma muy ilustrativa, dicho sea de paso) el dilema con las reticencias que supuso La Origen de las Especies de Charles Darwin, cuyo mayor “problema” fue que abandonara la idea de que la evolución tenía un sentido presupuesto. Y es que la verdad científica no puede ser condición de la construcción y el crecimiento del conocimiento científico moderno, lo cual sigue su curso progresivo y circular, aún cuando no exista una meta para ello.


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