El astrolabio y el telescopio: dos viejos desconocidos

 

Comparar dos instrumentos históricos para hablar sobre su relevancia e intentar razonar sobre el legado que dejaron es una tarea que merece ser matizada desde el principio. Para que la comparación sea honesta, debemos antes aclarar el objetivo de la misma: no se trata de simular una batalla sobre la importancia de los descubrimientos, menos aún en términos de ganadores y perdedores; el objetivo debe ser reflexionar sobre el conocimiento sobre uno y otro e intentar mostrar la vertiente social y cultural de dos herramientas científicas que, cada uno en su tiempo y en su forma, condicionaron la historia de la ciencia, y del mundo.


Y es que el telescopio es uno de los utensilios más conocidos en lo que a descubrimientos científicos se respecta. La mayoría de la gente conoce el alcance del invento y asocia su éxito a Galileo Galilei, cuya fama traspasa el ámbito científico. El astrolabio, en cambio, necesita de una búsqueda en las imágenes de Google para que uno tenga una visión orientativa de lo que significa el aparato. Sin embargo, nada más documentarnos sobre ambos, resulta llamativo comprobar que éste último gozó de una centralidad para muchos desconocida.


Tanto el astrolabio como el telescopio fueron el resultado práctico de la necesidad de determinar la posición de los objetos celestes. El primero de ellos tiene su origen en la época donde la ciencia islámica corrigió y perfeccionó el conocimiento científico de sus antecesores. Además, ello no puede comprenderse sin la finalidad práctica característica de los científicos árabes, incluidos los astrónomos. Así pues, el astrolabio se usó para predecir el inicio del Ramadán, acotando el momento en el que la Luna y el Sol tenían la misma longitud celeste y prediciendo la aparición de la Luna en el horizonte. Esto demuestra que influyo en la vida de toda una sociedad y cultura: el desarrollo del objeto supuso, a buen seguro, una mejoría palpable en la vida cotidiana de la gente común. En el caso del telescopio, resulta mucho más difícil encontrar esa relación tan material.


Por si fuera poco, el astrolabio fue simplificado y adaptado a la navegación oceánica, gracias a su función medidora; hasta tal punto que se convirtió en una herramienta indispensable para la navegación astronómica. Ya en los siglos XV y XVI, el uso del astrolabio estaba expandido por Europa; son muestra de ello los numerosos registros en los libros marítimos de la época (en el Compendio del arte de navegar (Zamorano, 1588) hay un esbozo del objeto). La utilización del astrolabio, por lo tanto, fue imprescindible no sólo para la navegación en sí misma, sino también para otros acontecimientos históricos, como el  "descubrimiento" cartográfico de la costa africana o, quién sabe, el propio viaje de Colón a América (aunque hablar de “precisión navegante” al respecto puede ser un tanto contradictorio). Y ello no significa que se tratara de un utensilio con fines ajenas a la ciencia: el propio impulsor del telescopio, Galileo Galilei (1564-1642) y científicos del famoso Observatorio de París intentaron buscar solución al problema de determinación de las longitudes en alta mar, sin éxito alguno.


Con esto no quisiera dar a entender que el desarrollo del telescopio no tuvo reflejo alguno en la vida cotidiana de la gente. El rastro dejado por Galileo, uno de los iconos de la denominada revolución científica y que difícilmente se comprende sin el telescopio, tuvo un incuestionable efecto en la mejora de la sociedad. Pero también es cierto que ello, quizás, no se puede explicar de una manera tan explícita. El contexto histórico en cuestión y el avance promovido por el telescopio también son caldo de cultivo de innumerables acontecimientos e hitos tanto científico-tecnológicos como sociales. Solamente el hecho de acercar los astros a nuestros ojos – citando a Voltaire- , no es un logro menor.


Por consiguiente, el astrolabio y el telescopio compartieron (no de forma contemporánea) el éxito, pero a diferente medida. La astronomía, la ciencia y la sociedad deben mucho a ambos: aún así, la deuda histórica no es la misma: el valor que se le asigna al instrumento óptico para nada es comparable con la que se le supone al otro aparato astronómico. Queda claro, una vez más, que la popularidad de un hecho científico no siempre hace justicia a su importancia.

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