La tercera cultura: un mismo término con distintos significados
La idea de una tercera cultura para superar el supuesto conflicto entre las ciencias naturales o puras y las sociales o de humanidades se sustenta sobre una base diferente según el ponente que lo plantee. Por lo menos, eso se puede desprender del análisis de los textos de Charles Pency Snow y John Brockman, tal y como intentaré explicar a continuación.
El primero de ellos, en su segunda revisión de la famosa conferencia hace autocrítica por haber obviado lo que el cataloga como el surgimiento de una tercera cultura, aunque considera prematuro hablar ya de su existencia. Para ello, toma como referencia la opinión de los intelectuales provenientes de distintos campos, desde la medicina a la arquitectura, que comparten la visión de los problemas fundamentales del mundo. Resalta, además, la necesidad de una comunicación o un lenguaje compartido bajo el paraguas de la cultura científica, lo cual lo explica con el ejemplo de un ámbito en auge como la biología molecular: los conocimientos científicos para comprenderla necesitan también de cualidades propiamente artísticas. Incluso va más allá al afirmar que, para comprender dicha disciplina, se necesita de un conocimiento más en amplitud que en profundidad. Por ello, Snow se aventura a asegurar que ese tipo de conocimiento será el que deban recibir las futuras generaciones e insiste en que la clave del cambio está en la educación aunque no haya una solución milagrosa para superar la falta de comunicación.
El segundo de los autores, por su parte, habla en presente al afirmar la existencia de una tercera cultura y es capaz de definirla nada más empezar el texto. Marca, además, una diferencia clara respecto a la tercera cultura planteada por Snow: en este caso, Brockman asocia el término para hablar del trabajo que hacen los científicos para comunicarse con el público en general, no como lazo entre intelectuales de distinto ámbito. Esa afirmación se basa en la publicación de distintos medios que convierten la ciencia en un relato escrito, supeditado a un debate constante. Aunque Brockman sigue hablando de intelectuales de la tercera cultura y se centra – al igual que Snow- en la sociedad norteamericana, sitúa la importancia del lenguaje en la capacidad de que sea comprensible para la gente más que en una código compartido entre “colegas intelectuales”. De tal forma que, muestra de ello, presenta como problema el desprecio de algunos científicos hacia aquellos compañeros que han decidido usar la vía de esa tercera cultura para socializar la ciencia.
En conclusión, el término de tercera cultura se caracteriza de forma distinta en uno y otro autor. Al fin y al cabo, Snow saca a relucir el concepto para superar la falta de comunicación entre “las ciencias y las letras” mientras que Brockman lo ve más como una forma de divulgar la ciencia de los “nuevos intelectuales”, cuyo discurso se entiende mejor si se toma en cuenta cuáles eran sus intereses.
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