Ciencia y tecnología: dependencia y conveniencia

 

Plantear una discusión que analice las relaciones de dependencia entre la ciencia y la tecnología sin que parezca basada en una división dicotómica, no es una ejercicio sencillo. La comprensión de la naturaleza y la materialización de ella para mejorar la vida de los humanos, son dos deseos que ineludiblemente se entrelazan. El resultado, todo un nudo de conocimientos y prácticas científico-tecnológicas, contiene varios lazos que intentaremos relacionarlos entre sí, como si se pudiera tratar el problema de forma separada.


La historia nos muestra – en este caso, en su vertiente “occidental”- cómo el desarrollo del conocimiento científico ha dependido, con frecuencia, de la tecnología contemporánea. La capacidad tecnológica ha hecho que se hayan podido buscar explicaciones a fenómenos naturales hasta entonces incomprensibles; el telescopio en la astronomía, las técnicas de laboratorio en la química o los instrumentos quirúrgicos en la medicina serían algunos de los ejemplos más simples. Más allá de esa relación instrumental, el avance tecnológico en las redes de comunicación (los cables submarinos para la telegrafía o las ondas de radio) han posibilitado que la ciencia pudiese trabajar de una forma más organizada y efectiva.


Al mismo tiempo, claro está, la tecnología ha dependido y depende de los conocimientos científicos no solo para su desarrollo, sino casi para dar sentido a la misma. Los automóviles o el avión fueron fruto de los resultados obtenidos de investigadores matemáticos y físicos, entre otros. Muchas veces, además, los conocimientos de uno y otro campo han servido para generar más saber: lo hemos visto en el caso de la máquina de vapor y la teorías sobre el rendimiento del calor. Está fusión científico-tecnológica se materializa también en las personas: algunos de los científicos más importantes fueron en sus inicios artesanos o ingenieros técnicos, varios científicos se convirtieron en ingenieros o empresarios y la propia industrialización se puede considerar también un fenómeno de carácter científico (las fábricas londinenses de la era industrial que eran auténticos laboratorios químicos para la experimentación serían un ejemplo ilustrativo).


A fin de cuentas, esa relación interdependiente fue el caldo de cultivo perfecto para la ebullición de las sociedades del siglo XIX (el texto sobre la invención de las masas ofrece una visión particularmente interesante). La formación de esa nueva “ciudadanía”, fundamentada en la idea del progreso, no se podría entender sin las necesidades generadas a partir del progreso de la ciencia y la tecnología. La burguesía representada en las exposiciones universales o el proletariado de las industrias químicas comparten, en su base, una relación intrínseca entre el conocimiento científico y tecnológico en las prácticas y comportamientos de las personas. Y una vez mencionadas las exposiciones, no podemos olvidar que la ciencia y tecnología comparten dependencia con la necesidad de divulgación y la creación de una cultura científica-tecnológica.


La ciencia, pues, ha dotado al ser humano del conocimiento necesario para adquirir sabiduría en el intento de mejorar su existencia. La tecnología, por contra, ha posibilitado que la ciencia haya podido ser más eficaz en la comprensión del mundo. Ambos, se han desarrollado con el objetivo de solucionar nuestros problemas (aunque en el camino, demasiadas veces, se haya logrado lo contrario). Tanto la una como la otra dependen entre sí, por tanto; además de para alcanzar sus objetivos, han compartido y comparten mucho más de lo que les separa.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Las piedras jade: fragmentos de una historia completa

¿Cosmos es posible?

ENTREVISTA FICTICIA A IRÉNE JOLIOT-CURIE (1897-1956)