Crítica a la ciencia desde el feminismo: una cuestión sobre el contenido y la forma
Reflexionar sobre la crítica que se hace a la ciencia desde el feminismo requiere prestar atención y evitar extraer conclusiones precipitadas, si verdaderamente el objetivo es que el resultado de esa reflexión sea honesta. Eulalia Pérez Sedeño nos habla de la intersección y la convergencia entre el feminismo y la filosofía de la ciencia para darnos cuenta de la multitud de perspectivas feministas que condicionan la forma de comprender la ciencia o el método científico. Aunque el artículo es de hace casi tres décadas, y a pesar de que tanto el feminismo como la ciencia (seguramente más la primera) hayan avanzado mucho durante ese tiempo, la pertinencia de su discurso sigue vigente.
Uno de los puntos más interesantes es la advertencia sobre la concepción demasiado rígida del método científico y la importancia de la experiencia personal frente a la supuesta objetividad absoluta del análisis de los datos. Siendo el método científico una forma consensuada de llevar a cabo una investigación y estar sometida a la evaluación colectiva, en mi opinión, está claro que hay un sesgo de género desde el momento en el que la comunidad científica está dominada por los hombres – al igual o incluso más que sociedad en general-. Es más, seguramente, el propio método científico está diseñado de una manera concreta que ha favorecido y favorece que la perspectiva de género no se tenga en cuenta. Este hecho, que el feminismo sirva para cuestionar el proceder de la ciencia y no sólo para promover la igualdad de género y acabar don la discriminación de la mujer (objetivos igualmente urgentes y necesarios), hace que los hombres también tengamos en consideración la crítica feminista, dejando de lado actitudes a la defensiva, así como el discurso de que ésto no va con nosotros o que “todos y todas somos iguales, y ya está”.
Así mismo, deberíamos darnos cuenta de que el discurso sobre la neutralidad de la ciencia - sobre todo en las ciencias aplicadas o experimentales-, además de no ser cierto, puede resultar peligroso a la hora de argumentar teorías, hipótesis u opiniones. La ciencia no es ajena a los valores y en el abanico desde la recogida de datos a las conclusiones, cada paso contiene múltiples sesgos y matices que hacen que el conocimiento generado sea de una forma y no otra. Está visión también es la que nos aporta la crítica feminista y el resultado no puede ser otro que asimilarlo, digerirlo e intentar que las inercias que nos construyen no nos lleven al parálisis o a la mera resignación, sino al cambio - por el mínimo que sea- de las prácticas. Cueste lo que nos cueste.
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