UNA FORMA SENCILLA DE DESCIFRAR EL CÓDIGO GENÉTICO

 

El código genético es la unidad básica de información de todos los seres vivos, es decir, es el conjunto de instrucciones de las células que determinan la construcción de sus proteínas. El ADN, el componente esencial de un organismo para la conservación y transmisión de sus caracteres, está compuesto por una sucesión de unidades denominadas bases nitrogenadas o nucleótidos, que pueden ser de 4 tipos: adenina (A), guanina (G), citosina (C) y timina (T). La secuencia de la cadena de estos monómeros se complementa con una cadena homóloga de bases por lo que, en realidad, se habla de pares de bases (A-T y G-C). En la estructura de doble hélice compuesta por los nucleótidos, sería gen cada tramo que interviene en la fabricación de una proteína (proceso que, por cierto, no es biunívoco) y su conjunto, el genoma. Además, el resultado de esos genes, las proteínas, están formados por largas cadenas de aminoácidos. Por tanto, para determinar la composición de aminoácidos de una proteína específica, es necesario determinar cuántos aminoácidos debe tener, cuáles y en qué orden se unirán en la cadena. Pues bien, es la secuencia de nucleótidos del ADN la que establece esas premisas: cada grupo de tres bases de un gen identifica un aminoácido concreto, con la intermediación del ARN. En definitiva, ese código de traducción entre la secuencia de nucleótidos y de aminoácidos es el código genético, universal para la inmensa mayoría de los seres vivos.


Precisamente, el hecho de que (casi) todos los seres vivos tengamos el mismo código genético (es decir, que los tríos de bases representen siempre los mismos aminoácidos) es una muestra de que muy probablemente toda la biosfera tenga un origen unitario. Y es que la razón más fundamentada para que eso ocurra es pensar que en un momento dado de la historia hubo un organismo vivo donde se dió esa circunstancia y que ello le originó una ventaja evolutiva que se ha ido heredando hasta nuestros tiempos. Si aceptamos la teoría de la evolución, no puede haber ninguna otra explicación posible (descartando, claro está, una teoría creacionista que contemple la creación simultánea de todos los seres vivos bajo unas mismas reglas biológicas). Además, podemos concluir también que esa forma de organización secuencial que implica la traducción protéica de la cadena nucleotídica es la más estable para la supervivencia. Es decir, atendiendo a la obra de “El gen egoísta” (Dawkins, 1976) podemos afirmar que el código genético es común para todo ser vivo porque ello es la forma más estable para que se mantenga (y se transmita) tanto la estructura del ADN como de los aminoácidos y las proteínas, si no la codificación no tendría sentido. Por último, la universalidad de dicho código nos da cuenta sobre la importancia del hecho que es la ordenación de la secuencia genética la que hace posible la variedad de los seres vivos.

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