(E)LECCIONES DE UNA PANDEMIA

La irrupción del Covid en el mundo moderno marcó un antes y un después en cada uno de nosotros, pero también en la sociedad. La era de la postpandemia, una realidad más pretendida que objetivamente alcanzada, se parece a aquel final festivo que Alber Camus describía en la ciudad de Oran; con la diferencia de que se torna difícil buscar admiración en la conducta humana. De todas formas, después de que la incidencia de la enfermedad se haya convertido en asumible y que los efectos más drásticos hayan “desaparecido”, éste sería el momento de replantear nuestro modelo de desarrollo. Durante el confinamiento, no pocos decían que aquello sería una cura de humildad y que aprenderíamos de los sucedido, que la constatación de la fragilidad humana nos llevaría a replantear nuestra sociedad y que la destrucción de los ecosistemas no podía continuar siendo una opción (Ruiz, 2020). Sin embargo, la vida para el resto de organismos del planeta no ha cambiado mucho y, a caso, el nuestro, tampoco.


Y es que es cierto que nadie duda del papel del ser humano en la producción de la pandemia, de la misma forma en que somos relativamente conscientes de que es posible – probable- que vuelva a ocurrir (por ejemplo, debido a las bacterias superresistentes producidas por el uso masivo de los antibióticos). No obstante, parece que la victoria científica y médica sobre el coronavirus nos es suficiente para seguir con nuestras vidas cotidianas. Las “nuevas” crisis que se avecinan, tanto la crisis energética como la climática (por nombrar las más inminentes), comparten con la pandemia la necesidad de ampliar la concepción de la sociedad, que depende de muchos factores y actores, no todos ellos humanos. Así pues, los límites entre la sociedad y naturaleza son más difusos de lo que creemos, y frente al imaginario puramente científico-tecnológico de la pandemia, tocaría seguir enfrentándonos a la sociedad que nosotros mismos hemos ido construyendo.


Al hilo de ello, la pandemia también ha servido para darnos cuenta de esa visión constructivista de los hechos. Actualmente, se podría afirmar que ya no existen hechos puros desconectados del contexto sociopolítico (Nuño, 2021), sino que los factores sociales, políticos, económicos y tecnológicos, entre otros, marcan la realidad que nos rodea y son parte de los hechos que consideramos “científicamente probados”. Esa visión, junto al reflejo de la falta de consenso científico y la irrupción de los mencionados factores en escena, ha sido uno de los motivos que han alimentado la expansión de teorías conspiracionistas y negacionistas. Éstos, al igual que el virus, parece que han venido para quedar junto a nosotros.


Es más, esa concepción constructivista opuesta al naturalismo o realismo alberga aun más discusiones, también en relación a la salud y la enfermedad. Como plantea el filósofo Cristian Saborido (2018), el debate sobre la definición de la enfermedad tiene implicaciones en el tratamiento o en los ensayos clínicos farmacológicos, es decir, en todas aquellas medidas para preservar y mejorar nuestra salud. Además, me preguntaría si la "democratización" de esas ideas constructivistas podrían ser, en cierta medida, causa para la proliferación de terapias no convencionales o pseudocientíficas. No obstante, las concepciones naturalistas que buscan la objetividad o la norma general tampoco parece que sean la solución al problema, mucho menos en el contexto de la sociedad contemporánea.


En todo caso, está claro que los humanos participamos en la construcción de nuestro nicho y que somos tanto agentes como sujetos de la selección natural. Eso quiere decir que nuestra supervivencia depende, en un alto grado, de nuestra propias acciones. En ese sentido, los avances científicos y tecnológicos también tienen implicaciones sociales importantes, no solo en sus aplicaciones, sino en la propia base del desarrollo tecnocientífico. La ciencia del presente y del futuro se enfrenta a ese escenario ambivalente donde demostraremos, por acción o por omisión, si realmente hemos aprendido algo como sociedad y estamos dispuestos a desarrollarnos acorde a ello.


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