LA COMPRENSIÓN DEL NUEVO MUNDO

 El relato del descubrimiento de América asume e inculca una manera concreta de entender la historia y, por tanto, la historia de las ciencias. Frente a ello, hablar sobre la comprensión del nuevo mundo resulta más real – y justo- , en tanto y cuanto muestra el conjunto del proceso por el cual se constituyó el mundo que conocemos, gracias, en parte, a la incursión de América en el curso de la historia europea moderna. Así pues, diferentes prácticas científicas participaron en la creación de esa nueva orden mundial surgida en los siglos XVI-XVII, aportando el conocimiento necesario para regir el ordenamiento político; y es que la historia de las ciencias y la historia políticas no pueden explicarse por separado. Sobre esta idea, el historiador Mauricio Nieto Olarte propone una visión histórica y científica del mencionado periodo, en el artículo titulado "La comprensión del nuevo Mundo: Geografía e historia natural en el siglo XVI."


La primera dificultad que uno encuentra es la calificación o nombre que se elige para describir un hecho histórico como el que se estudia – la comprensión del nuevo mundo- y ese es el punto de partida de Olarte. Según cuenta, la noción de descubrimiento, la idea central de la ciencia moderna, legitima la expansión del mundo europeo y la conquista del hombre sobre la naturaleza: el desubridor se apropia del logro obtenido, el cual pasa a aser de su posesión. De este modo, mediante la idealización de las prácticas científicas, se asume la existencia de un sujeto universal capaz de comprender la totalidad del mundo. Por contra, los descubrimientos son procesos donde los descubrimientos y sus descubridores tienen sentido en conjunto. Así pues, afirmar que Cristobal Colón descubrió América sólo es posible después del proceso por el que los diferentes actores (científicos, políticos…) reconocen una serie de condiciones necesarias para que el suceso haya existido de esa manera.


Frente a esa noción tan cuestionada, se podría hablar de encuentro entre dos mundos, pero el punto de vista de los colonos siempre serán interpretaciones de los colonizadores, es decir, la narrativa europea seguiría imponiéndose. Por ello, algunos historiadores se han referido a la invasión de América, aunque este punto de vista también tiene limitaciones para explicar la complejidad de las relaciones culturales entre Europa y el resto del mundo. Por último, los términos construcción o invención ofrecen una definición de la realidad que presenta a América como un constructo social europeo, perpetuando la dicotomía antes mencionada. Es por todo ello que el autor sugiere esta otra referencia, la de la comprensión del Nuevo Mundo: comprender significa apropiarse de algo, transformar lo desconocido, familiarizarlo, incorporarlo y domesticarlo, a la vez que reconocerlo. Con la comprensión, el sujeto y el objeto se transforman e implica hacer una reflexión autocrítica; es un proceso circular o en movimiento. Eso sí, el “Nuevo Mundo” tampoco se limita a una zona geográfica concreta, sino que se refiere a la materialización de una nueva orden política, en el contexto de la ciencia moderna y la consolidación de Europa.


Aclarados los términos, Olarte explica cómo fue ese proceso de comprensión, lo cual necesita de analizar las prácticas científicas y culturales que hicieron posible la creación del Nuevo Mundo. Partiendo de la visión tripartita de la Tierra, los viajes de Colón hicieron que emergiera un nuevo continente – evidentemente, esa palabra carecería de sentido en aquella época-, denominado América. Si analizamos la cartografía de la época, el planisferio de Martin Waldseemüller (1507) es el primero en representarlo de esa forma, punto de inflexión entre el viejo y nuevo mundo. Ese mapa – y otros, en general- son muestra del poder de la ciencia: sirve para demarcar los dominios, permite la navegación y da un lugar en el tiempo a los territorios que dibuja. En definitiva, los mapas impresos sirvieron para consolidar la cultura moderna europea, materializando el Nuevo Mundo y haciéndolo accesible pero manteniéndolo bajo la subordinación europea, lugar del conocimiento universal, dispuesta a conquistar y civilizar lo desconocido.


Al hilo de ello, el historiador subraya las dicotomías que se esconden tras esa división entre Europa y América: se trata de la cultura frente a la naturaleza, lo civilizado frente a lo salvaje, la ciencia frente al objeto. Así, las representaciones de los siglos XVI-XVII – por ejemplo, el grabado de Johannes Stradanus (1523-1605) que muestra el encuentro de Américo Vespucio con América- son muy significativos: narran esa historia donde Europa domestica América, como si el destino de esta última fuera la de progresar hasta convertirse en la primera. Es más, las representaciones científicas también fueron una forma de mostrar esas ansias de domesticación; concretamente, Olarte nos habla sobre el papel de las categorizaciónes y la Historia Natural. Y es que la catalogación de los nuevos seres vivos – animales o plantas- encontrados en América siguió la misma lógica: con el objetivo de poner orden a una naturaleza caótica, lo desconocido se describió de tal manera que se pareciera a lo existente pero manteniéndose como exótico. Las descripiciones del armadillo o de la piña del catálogo “Historia General y Natural de las Indias” son muestra del intento de domesticación.


En resumen, diversas prácticas científicas como la cartografía o la historia natural fueron fundamentales para construir la noción de América, desde un punto de vista eurocentrista e imperialista. Convertir lo desconocido en algo familiar, apropiarse de lo ajeno, no serían posible sin las tecnológias, discursos y procesos culturales necesarios. Según Olarte, por tanto, el orden de la naturaleza y del mundo está unida al orden social y político. Inevitablemente, el conocimiento científico es parte y actor de esa orden: no hay historia de las ciencias sin historia política, y viceversa.


REFERENCIAS:


Olarte, MN. (2004). "La comprensión del nuevo Mundo: Geografía e historia natural en el siglo XVI." El Nuevo Mundo: Problemas y debates. Bogotá: Universidad de los Andes.




Comentarios

Entradas populares de este blog

Las piedras jade: fragmentos de una historia completa

¿Cosmos es posible?

ENTREVISTA FICTICIA A IRÉNE JOLIOT-CURIE (1897-1956)